Toma de contacto; ¡más vale tarde que nunca!
Bueno, pues aquí estamos, ¡tomando contacto con Flipped Classroom! La verdad es que por diversos motivos, el comenzar el curso ha sido una auténtica odisea, y se ha demorado bastante más de lo que yo hubiera querido. ¡Por todos es sabido que las nuevas tecnologías pueden funcionar como grandes aliadas o como nuestras peores enemigas, y durante el último mes este ha sido mi caso. Una serie de catastróficas desdichas.. Pero bueno, por suerte ya está todo solucionado, y aquí estoy dispuesta a ponerme al día y dar mucha guerra.
Si dijera que no había oído hablar de Flipped Classroom, mentiría. En mi claustro hay algunos docentes que emplean esta metodología en algunos puntos del currículo. La verdad es que el entorno educativo en el que me toca desempeñar mi labor docente es curioso, un tanto dual; hay un grupo de profesores partidarios acérrimos de las nuevas metodologías, que las emplean de manera sistemática, y otro grupo de detractores también acérrimos, que no quieren ni oír hablar de innovación educativa.
Yo me clasificaría a mi misma como un punto intermedio: hay que emplear las nuevas metodologías, pero en ningún caso debemos olvidar los contenidos ni desechar las clases magistrales, las cuales sigo considerando fundamentales en todo proceso de aprendizaje.
Aunque conozco las virtudes básicas de la metodología Flipped Classroom (permite atender la diversidad en el aula, favorece el desarrollo de competencias y ayuda a un mejor aprovechamiento del tiempo dentro de la clase), también tengo mis reticencias a esta nueva forma de impartir la materia. Espero que, en el transcurso de este curso, logre superar mi escepticismo y mis prejuicios y me atreva a implantar esta nueva forma de dar clase, quizá no como algo diario, pero sí como algo obligatorio en todas las unidades didácticas.
Si dijera que no había oído hablar de Flipped Classroom, mentiría. En mi claustro hay algunos docentes que emplean esta metodología en algunos puntos del currículo. La verdad es que el entorno educativo en el que me toca desempeñar mi labor docente es curioso, un tanto dual; hay un grupo de profesores partidarios acérrimos de las nuevas metodologías, que las emplean de manera sistemática, y otro grupo de detractores también acérrimos, que no quieren ni oír hablar de innovación educativa.
Yo me clasificaría a mi misma como un punto intermedio: hay que emplear las nuevas metodologías, pero en ningún caso debemos olvidar los contenidos ni desechar las clases magistrales, las cuales sigo considerando fundamentales en todo proceso de aprendizaje.
Aunque conozco las virtudes básicas de la metodología Flipped Classroom (permite atender la diversidad en el aula, favorece el desarrollo de competencias y ayuda a un mejor aprovechamiento del tiempo dentro de la clase), también tengo mis reticencias a esta nueva forma de impartir la materia. Espero que, en el transcurso de este curso, logre superar mi escepticismo y mis prejuicios y me atreva a implantar esta nueva forma de dar clase, quizá no como algo diario, pero sí como algo obligatorio en todas las unidades didácticas.

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